• El Monte Tabor.

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PADRE JOHN ALBEIRO MONTOYA CARDONA

 

Dios le pidió a Moisés entrar sin sandalias al lugar de su presencia en el Monte Sinaí porque era territorio santo (Ex 3,5); así mismo es sagrada mi historia como lo es la tuya, te invito a entrar en ella con los pies desnudos… de prejuicios y sólo con el ánimo de dar gloria al Dios de la vida.

Me han enseñado que el que obedece nunca se equivoca y en este momento estoy siendo obediente al hablar de mi historia personal, historia de salvación como la del pueblo de Israel, en medio del desierto, del pecado, del dolor pero ante todo, mi historia es salvífica por la incalculable misericordia del Señor en Quien me fío y a Quien sea la honra y la gloria; y todo lo que encuentres digno en mí, no es por mí, es por Él, por mi Señor y a Él sea toda gratitud.

De dónde salió: “Yo te he tomado del pastizal, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo” (2 Sam 7;8) sacerdote padre john

Nací el 3 de noviembre de 1972 en San Vicente, departamento de Antioquia en Colombia; hijo de Esther Sofía Cardona y José Libardo Montoya; en mi familia solo fuimos 11 hijos: Después de la muerte de mi padre, Sofí (mi madre), con quien tuvo 9 hijos, hizo un receso de algunos años hasta casarse nuevamente y retomar la tarea, ahí nacerían dos hijos más.

Mi vida ha transcurrido siempre entre picos: grandes tormentas y grandes victorias y puedo, sin dudarlo, escuchar el eco de la voz del Señor que me dice como al profeta Jeremías: “Antes de formarte en el vientre te conocí, antes que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones… (Jer 1,5).

Huérfano pero con Padre Eterno (Isaías 41,10)

Tenía solo 7 meses de vida, eso creo, la verdad no lo recuerdo, cuando murió mi padre construyendo la escuela en la cual yo realizaría mis estudios básicos, estando en el fondo de los cimientos del edificio, la tierra se desplomó y por salvarle rápidamente, mientras cavaban para encontrarle, sus compañeros le han herido mortalmente la cabeza; es importante esto ya que desde ese momento, empezaría un estilo de vida diferente para mi madre, creo que con 32 años de vida y 9 hijos que sostener, de los pormenores ni recuerdo ni he recibido mayor información aparte de que mientras él moría, también tenían a uno de los hijos en el hospital con poliomielitis.

Yo tenía mi comida asegurada, pero mis 8 hermanos se las verían graves para poder comer el pan de cada día y sí recuerdo algunas veces que mi madre recibía de parte de mi tío, dulces aguados por el sol y ella hervía esa mescolanza con agua y nos daba con pan o arepa mientras todos hacíamos fila para que nos tocara algo, el lugar era aquella cocina negra por el humo del fogón de leña.

También recuerdo que a mis… no sé bien, quizás 5 años o algo más, salía con uno de mis hermanos a buscar leña para cocinar y en las madrugadas, algunas veces, a robar papas en los sembríos para llevarle a mi mamá para que nos cocinara.

Sofí se casó nuevamente tiempo después de enviudar y esto alivianó la situación, al menos para los vecinos ya que no iríamos con tanta frecuencia a hurgar sus cultivos.

Cada noche jugábamos todos los niños del barrio: futbol, jeimy, a que te cojo ratón, guerra - libertad o al beso robado mientras las mamás miraban chismoseando desde la vereda. Yo no tenía cerca a todos mis hermanos porque algunos de ellos debieron irse a unas fincas a trabajar por el alimento y solo nos veíamos ciertos fines de semana.

Las consolaciones primeras (1Samuel 3,1ss)

Tenía alrededor de 7 años cuando por primera vez sentí la presencia consoladora de Cristo: Todos en casa habían salido y yo quedé solo, mientras miraba una imagen del Crucificado al lado de la cama de Sofi, lloré lleno de gozo sin saber por qué, pero sí recuerdo que prometí: no sé quién eres pero te buscaré.

Creo que ha sido crucial en mi vida el recordar cada domingo a Sofí, mi padrastro y los hermanos menores en procesión hacia el templo para la Misa, así como cada noche en que ella nos decía desde su habitación: “muchachos, no olviden: orinen y recen”.

También tengo mucha claridad de algunos eventos extraños como el hombre pequeñito que se nos apareció a mi hermana Olga y a mí en la madrugada y que después desapareció. Recuerdo también la vez que destruyeron nuestra cama y habitación mientras dormíamos y nunca supimos quién o qué fue. O la voz que en muchas noches me repetía: “vamos a la cruz y volveremos”. También los nudos con que amanecía el cabello de Wbeimar, mi décimo hermano, cuando aún era bebé. Y ya cuando yo era joven, muchas veces era dominado por un extraño espíritu. Pero si cuento todas estas experiencias harían muy largo el tema, sólo doy una pincelada porque yo mismo quiero ir comprendiendo muchos signos del Señor en mi historia.

Trabajando con Centella en la taberna (2 tes 3,10)

El Señor me ha ido madurando desde siempre: a los 7 años empecé a trabajar lavando vasos y copas en la taberna de Guillermo “Centella”, ganaba cada domingo 80 pesos, equivalente ahora a unos cuantos centavos de dólar, trabajaba de 7 de la mañana a 10 de la noche en medio de los borrachos. Desde esa edad he tratado de ser independiente, no solo económicamente sino en diferentes aspectos de la vida, eso de: “El que no trabaja que no coma”, ha quedado muy claro en mí siempre.

Siendo aún muchacho, casi niño, el padre José Dolores García, a quien le decíamos José Dólares, armó un grupo de personas para aprender a tocar el armonio y acompañar las Misas de la parroquia, ahí estaba yo, era muy joven pero aprendía con facilidad y al tiempo ya era yo quien tocaba el vetusto armonio acompañado como por doce señoras que cantaban “gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso es el que se acoge a Él”, y muchas otras canciones antiguas; mientras tanto el Señor seguía escribiendo su propia historia de amor, tras bambalinas, en mi vida. En este tiempo yo sentía fuerte inclinación por lo satánico, pero creo que Dios nunca permitió que se abrieran del todo esos caminos para mí, y con mentiras, fui invitado a un cursillo de cristiandad en el que sentí que ser sacerdote podía ser una opción en mi vida.

Pródigo en Pereira (Lc 15,11ss)

Padre John Al día siguiente de graduarme de bachiller, abandoné mi casa para iniciar una experiencia de independencia y misión en una ciudad diferente, por cerca de dos años viví en una casa misionera, conocí la providencia divina y allí hice mis primeros pinitos como religioso, me retiré por razones que prefiero guardar entre el Señor y yo, y porque al frente funcionaba un colegio y no quería seguir viendo desde la azotea a las jovencitas que pasaban, sin tener la oportunidad de dedicarles una canción.

Al retirarme de esta experiencia empecé a rodar de rincón en rincón, trabajando en una fábrica de escobas y traperos, comiendo lo que resultaba, algunas veces solo pan y refresco para el día, otras semanas hacía desde el domingo una sopa y arroz para toda la semana, normalmente intentaba terminarla antes que tuviera pelos o si ya los tenía, la calentaba con tomate, cebolla y aceite: descubrí que estos tres arreglaban el sabor que adquiría la comida cuando ya estaba vieja. En estos tiempos de soledad me golpeó tremendamente el sinsentido, los vicios, las fiestas, que algunas veces empezaban desde el jueves; apostaba plata para conquistar mujeres y vivía porque tenía que vivir, creo que esto duró unos cinco años, no lo recuerdo bien. En las calles y en el hambre conocí el verdadero valor de la amistad y del compartir, por ejemplo, muchas veces para Carlos, Idelmer y yo, solo teníamos unas papas o una arepa con queso. Conocí la grandeza de reír sin vergüenza y correr sin temor a ser criticado, de disfrutar con Blanca, mi amiga, una molleja azada o unas hueveras de gallina fritas en un kiosquito de la calle y que olían a caca.

Por estas épocas hay un hito importante que ha quedado grabado en mi mente: Estuve bailando y bebiendo en un club de la ciudad de Neiva y al salir, ya tarde, mientras llovía, vi a un niño de unos 8 años tirado en la calle tiritando de frío, este cuadro heló mi corazón y creo que desde ahí ratificaba poco a poco mi deseo de servir como consagrado al Señor y a su Evangelio.

Otro hito importante: ya un poco más grande, después de las correrías cuando trabajaba como vendedor en una multinacional, muchas veces terminábamos en tabernas o en prostíbulos, lo especial es que me escandalizaba ver lo que veía y me asombraba que quien presidía el tablado del estriptis era la imagen de la Virgen del Carmen.

Ufff que cantidad de cosas vienen a mi mente al recordar aquel tiempo, que gran pecador fui.

No puedo negar que aún me duele el hecho de haber apostado por la novia de mi mejor amigo y después de ganar la dejé botada y así mismo perdí a mi amigo, cuanto lo extrañé y cuanto me he acusado por esto.

Una vez llegué a la casa ebrio y con un número escrito en mi mano, era el de una prostituta a quien había empezado a aconsejar, nunca pude concluir nada con una de estas chicas porque siempre terminaba dándoles consejos y ellas llorando por sus calamidades y por las razones que les llevaron a ese estilo de vida. La vez del numero en la mano y ante el asombro de mis compañeros de cuarto al ver mi estado, detuve este tipo de farras con mis compañeros, comprendí hasta donde podía caer, pero gloria al Señor que también en estas me libró y aunque sea difícil de creer, conservó también mi cuerpo.

En medio de esta situación recordaba también mis anhelos de grandeza y mi convicción de ser águila, de volar alto, empecé a acudir a algunas iglesias cristianas no católicas, también a la católica pero de lejos, ya que de ambas había podido conocer grandezas y miserias, y alguna tarde, para desahogar el sinsentido, busqué al sacerdote más viejito que conocía, el padre Nachito, me confesé y al final lo desperté para que me diera la bendición, mi corazón seguía buscando, persiguiendo un anhelo del cual había podido ver los reflejos, sólo los reflejos porque seguía oculto a la claridad.

En una tarde de cualquier mes y de no sé qué año, en los mercados populares, Nelson, que en ese entonces tenía 21 años de edad, me invito y ofreció una tarjeta para que asistiera al grupo de oración al que él asistía, que a propósito, se llamaba “Vida Nueva”, y cansado de buscar, una vez más, fui al grupo y busqué, allí inició un camino de purificación, de vuelta y empecé a conocer el amor y a saber que sí existía gente buena. Yo tendría un larguísimo camino por recorrer.

Al escribir estas pocas cosas que sólo son hitos importantes, descubro cuan frágil y pecador he sido y sigo siendo, tan ciego al amor del Señor, pero Él nunca apuró nada, seguía esperando y acompañando como lo sigue haciendo ahora. Aún después de encontrarle, yo seguía jugando con el amor de las personas, aprovechando mis dones para beneficio propio y me hacía becerros de oro en el camino por el desierto.

Habían pasado algo más de dos años de proceso con el Señor y seguía taladrando en mi mente el deseo de la vida consagrada: cantaba, salía a misiones, mas esto no era suficiente, algo faltaba, sin embargo la decisión no era fácil, nunca ha sido fácil entregar la vida por completo, pero debía tomar alguna decisión así que hice un trato con Dios: -grave error en ese momento de mi vida, posteriormente entendería que al Señor se le ofrece un dedo y Él se toma la mano, Él cree realmente lo que uno le dice, hay momentos en que Él no acepta bromas- le propuse que me diera todo lo que necesitaba y deseaba en un año y si lo cumplía me haría sacerdote. Y como por arte de magia todo empezó a darse inmediatamente: la mujer que desee por mucho tiempo, el trabajo que perseguía… toooodo empezó a brotar como si hubiera estado guardado siempre para mí, lo complicado fue cumplir con mi parte: Después de tenerlo todo tan fácil, cómo podía yo dejarlo para hacerme cura. ¡Oh que complicado! Así que tardé dos años disfrutando de la promesa de Dios cumplida, al cabo de ese tiempo, una noche, en oración, le pedí al Señor que me iluminara: “Señor, si no puedo cumplir la promesa, al menos dime algo y me caso, estoy con la mejor mujer del mundo”. Después de orar me dormí y al día siguiente el sol penetró por mi ventana y en ese momento sentí que yo era sacerdote, no hubo ninguna duda al respecto.

La renuncia y propuesta del jefe (Mc 10,17ss)

Hacer opciones radicales en la vida de una persona implica lanzarse al vacío y cuando esta opción es por Cristo es mucho más, puesto que Él casi siempre se manifiesta de maneras muy discretas. Era Navidad, la fiesta de la compañía en que trabajaba, alrededor de 1000 empleados en jarana, el ambiente especial para decirle al gerente que renunciaba a la compañía, obviamente no lo entendió, me propuso ascenso, un gran aumento de salario, le dije que no era posible porque quería estudiar psicología, mentí porque me dio vergüenza que supiera que deseaba ser cura, me ofreció pagar la carrera, trabajar medio tiempo… le pedí dos horas para meditarlo en los jardines del club y sentado y aturdido en una banca caí en cuenta que llevaba varios años intentado tomar decisiones y esa no debería ser quebrantada por ninguna paga; a los 15 minutos fui de nuevo donde mi jefe ratificando la que ya había tomado.

El terremoto

Yo debía entregar mi puesto de trabajo a alguien, ya tenía las maletas hechas, solo entregaba y viajaba de retorno a la tierra donde nací después de muchos años de rodar sin sentido. Cuando salí, lo hice con las maletas llenas de ilusiones, pero encontré vicios y frustración, mas ahora regresaba habiendo encontrado la veta del mayor tesoro en la mina de la vida: CRISTO.

El segundo día de recorrido entregando los clientes a Julieth, ella me invitó a comer a su casa, sería más fácil salir desde ahí para la siguiente ruta de trabajo que debía entregarle, la idea era terminar pronto pues el seminario me esperaba para iniciar la formación de sacerdote, después de comer frijoles con chicharrón fue el gran sacudón, el terremoto que cobraría miles de vidas y que arrasó con la ciudad de Armenia. Pocas cosas en mi vida han dejado tan profunda huella como aquella tarde en medio de muertos, heridos, desesperación y caos, una vez más ratificaba que no sería nunca fácil el camino y que mi vida iría de paraísos a desolaciones. La tierra se encargaba de despedirme augurando cruz en el camino que desde ese momento iniciaba.

Pasamos la noche a campo abierto por el temor a las replicas y al día siguiente, caminando hacia donde estaban los buses que desalojaban a los damnificados, me despedí con lagrimas en los ojos de mi gran amiga Pecas, yo tenía en la mano una maleta con algunas cosas básicas, una grabadora rota y el corazón también.

El seminario

Hermosa experiencia y buena la opción: los misioneros javerianos eran de botas y bastón, siempre me impactó la manera de vivir y de llegar a los otros, vi en ellos a los sacerdotes que llegaban a las periferias y quise estar en ese equipo. El seminario significaba austeridad, ya no tenía todo lo que tuve y seguía sanando heridas: el terremoto, una mujer con la cual quise casarme y otras relaciones que dolía mucho romper, pero libremente había dicho “NO” a aquello y “SÍ” al nuevo proyecto que se abría a mis ojos. Allí habían compañeros de todo tipo, no transpiraban incienso ni orinaban agua bendita como yo creía pero aprendí a crecer, a hacer amigos. Cuando pisé ese lugar, en la noche le dije a Dios en compañía de Martín mi compañero: busqué mucho pero ya llegue donde debía llegar.

El noviciado ha sido una de las experiencias más fuertes, dolorosas y edificantes, creo que he tenido el mejor maestro de novicios, una persona enamorada de Cristo y de la humanidad, de quien aprendí para toda la vida. Allí conocí mucho de mí, de mis debilidades y patrañas pero también del amor gigantesco y misericordioso de Dios, pasé el noviciado dejando pelos en el alambrado, casi con supletorios, varias veces tuve peligro de que me sacaran del proceso, una porque derribé la casa de una familia muy pobre para edificar una nueva pidiendo limosna, si no es porque lo logro en el tiempo indicado, hasta ahí habría llegado el chistecito; otra porque retornaron aquellos extraños ataques del enemigo ya iniciados desde la niñez y la presencia era tan fuerte y dañina que puso en peligro el proceso de todos. Nelson mi maestro lo comprendía y me defendía pero a la vez se abrumaba al ver tales cosas del enemigo; y otras veces por debilidades muy mías puse en riesgo mi proceso, pero una vez más el Señor sale con victoria y logramos cruzar el umbral, el tiempo del límite y proseguía mi formación.

El amor a la pobreza y el reto de tener pinta sacerdotal

Posteriormente, en la formación teológica viví muy feliz, en el noviciado había hecho opciones claras por la pobreza y por los pobres, especialmente después de una experiencia que marcaría mi vida: Haciendo unos ejercicios espirituales ignacianos, y estando prohibido salir, me escapé un día a visitar a dos familias, la una era una adinerada familia de un cantante colombiano y le hice la pregunta: Para ustedes, ¿cuál es su mayor tesoro? La respuesta fue: La carrera musical de nuestro tío, las propiedades, cabezas de ganado, etc. Luego visité a dos viejecitas muy pobres que vivían en una covacha, Rosalba de 63 años y María de 81, tenían sólo una gallina que les daba su huevito diario y la mataron para prepararme un caldo. Cuando les hice la misma pregunta, me respondieron: Nuestro mayor tesoro es Dios y la Virgen. De esta experiencia saqué el lema de mi vida: LOS POBRES: MI MAYOR TESORO.La Opción por la pobreza me traería dificultades porque algunos decían que mi manera de vestir no era sacerdotal. Ya en teología clarificada más el deseo de desapego y tenía un real deseo de santidad, pero no todo era santidad: allí aprendí a fumar mucho, vicio que duraría hasta el día en que inicié mi servicio pastoral en la parroquia del Buen Pastor.

Ve por todo el mundo (Mc 16,15)

Ya terminados los estudios, estaba en que me enviaban de misión a Tailandia o a otro lugar, mientras tanto me enviaron a Bolivia donde misionaría por algunos años. Bolivia fue escuela: cuantos errores cometí, cuantas lágrimas derramé, cuanto mal hice como cristiano novato y solo porque creo en la misericordia del Señor puedo aceptar que soy sacerdote por gracia del Señor.

En aquel país conocí el hambre, la sed y toda clase de sentimientos mezquinos, pero también la bondad de Dios y de muchos miembros de su Iglesia, mi obispo y el que después me ordenaría sacerdote, me debe algunas canas y dolores, ya es emérito mi viejo Luis Morgan, cómo fue paciente, así como lo fue el padre Mario, mi compañero y anciano amigo. ¡Qué gente tan buena ha puesto en mi camino mi Padre Dios!

En Riberalta – BoliviBiografia espiritual del Padre Johna recibí ministerios, emití mis promesas de pobreza castidad y obediencia en un salón de madera y maya en la selva, en medio de sancudos, tarántulas y serpientes, y la orden del diaconado en la capilla San Martín de Porres de aquel mismo lugar en medio de la selva.

Me ordené sacerdote el 29 de mayo de 2004 en Medellín, Colombia, para el Instituto de Misiones Extrajeras de Yarumal (Misioneros Javerianos de Yarumal). El día de mi ordenación también entra en la lista de los más dolorosos de mi vida. Quince días antes le pedí al Señor que me liberara del ministerio sacerdotal si yo debía ser un sacerdote que ataba cadenas a la humanidad, yo, en su nombre, lo que deseaba era desatar, creo que Él me comprendió y prefirió continuar con su decisión.

En mi ordenación se hicieron presente antiguas relaciones mías. ¡Qué difícil fue esto! Además minutos antes de la ceremonia, empezaría a recibir llamadas que parecían del enemigo en persona. Fui ordenado sacerdote en medio de lágrimas de angustia: Fue un sábado de Pentecostés en la noche, estaban preparadas las fogatas en campo abierto para celebrar mi ordenación y la de Martín, así como la fiesta de la venida del Espíritu Santo, pero en medio de la ceremonia, se desató tal vendaval, que tuvimos que realizar la fiesta en un salón improvisado, ya que las mesas y todo quedó patas arriba. Una vez más, se mostraba con este signo, lo que seguiría llegando a mi vida de servicio: muchas tormentas y ataques tratando de ahogar la obra de Dios en mí, pero también que en Él vencería al mundo (Jn 16,33).

Ya sacerdote volvía a la misión en Bolivia, no olvido que llegué sentado en unos bultos en la bodega de un avión de carga.

Aprendí a ser cristiano siendo sacerdote y sigo aprendiendo, siempre ha sido una escuela de caídas y levantadas y siempre que vuelvo mi mirada, veo al Señor perdonándome y tomando mi mano. Los errores que en esa época cometí no tienen nombre, pero precisamente por esas caídas es que comprendo la misericordia, y si aquí sigo y estoy escribiendo esto, no es por mí, es solo por el amor misericordioso del Señor.

Después de un tiempo salí de Riberalta con algunas amenazas, accidentado, con una herida en un pié y una peor en el corazón y me dirigí a la ciudad de la Paz, donde conocería el frío, la enfermedad, la soledad; fue la primera vez que creí haberme equivocado de vocación y pensé en regresar a casa, pero cuando más hundido y solo me sentí, apareció de nuevo la mano de Dios en la presencia de un sacerdote amigo que hoy es obispo.

Posteriormente serví en Cochabamba, hermosa experiencia. Allí inicié, por “diocidencias”, la vida de las predicaciones fuera de casa y empezaría a ser un cura conocido y popular, esto llevaría a mis “superiores” a sacarme de Bolivia y enviarme a la selva ecuatoriana donde estuve por un año; salí de allí para otra selva mucho mas oculta en Colombia, donde me entró la rebeldía y salí para buscar responder al fuego que había en mi corazón. Por segunda vez sentí la tentación de abandonar el ministerio sacerdotal. Aquí inicia otra dolorosa tormenta en el sinsentido.

Llega el tiempo de la experiencia con los padres Eudistas, de quienes el Señor se valió para salvar mi ministerio, con ellos pude empezar a visualizar con claridad la manera de ser sacerdote que el Señor me había ido mostrando en medio de tantísimos dolores y luchas; esta experiencia duró cuatro años.

Al llegar a la parroquia “Jesús el Buen Pastor” el glorioso 1 de julio de 2013, empezaría una etapa fundamental al lado del padre Rafael, conocería también a Margarita, la eremita y comienzo, así, a dar respuestas a tanta búsqueda; allí empecé a enamorarme de ser sacerdote y por fin deseaba serlo, y ahora glorifico al Señor por haberme escogido para tan incomparable labor.

Ermitaño Mc 6,31

Transcurrido aproximadamente un año, todo está listo para iniciar la vida de silencio e inserción cerca de los “pobres”: están listos los permisos de “superiores” y obispos, y el padre Manuel Calispa, quien en adelante haría de pastor, amigo y testimonio, estaba dispuesto a acogerme como vicario en su Parroquia “San Lorenzo” de Yaruquí, y apoyar mi anhelo…. En fin, el Señor abrió todas las puertas necesarias para que se dé esta voluntad suya en mi vida y quiso cerrar la etapa anterior y abrir la nueva, con un detalle muy especial de Quien está siempre a la cuna de toda vida nueva, la Madre María:

Nunca se olvida 1Cor 1,9

El Señor me llevó, ya como ermitaño, a una peregrinación por los Santuarios Marianos de Europa. Sin haber querido hacer coincidir la fecha, celebré mi décimo aniversario sacerdotal en Toledo y antes de iniciar la Santa Misa, en oración, recordé algo que sería fundamental en mi historia de búsqueda y, recordándolo, una vez más, comprobé la grandeza del Señor y cuán en serio se toma nuestros planes y deseos:

Siendo aún seminarista y estudiante de teología, estando en un retiro espiritual en Guatapé y junto con mis compañeros Martín y Felipe, me surgió la loca propuesta de ordenarnos sacerdotes y servir activamente por 10 años en las misiones y posteriormente dedicarnos a la vida de silencio y oración, ese pensamiento me taladró por mucho tiempo hasta que terminó por escaparse de mi mente, pero en aquél momento, en Toledo, cayó un balde de agua fría sobre mí al enterarme que esa propuesta había quedado grabada en la memoria de Dios, aunque no en la mía, y lo asombroso es que no me dio ni un día más ni uno menos, majestuoso Señor, yo había pensado que habías olvidado nuestros diálogos de muchachos, pero resulta que habías guardado en tu Corazón hasta los más mínimos detalles y cuánto me emociono al saberlo.

Qué incalculable gozo y qué generoso el Señor, cómo ha querido madurarme en las luchas y las dudas para traerme a su jardín y así empujarme a experiencias diferentes, las que sin duda llevarán cruentos ataques del enemigo, pero a su vez e indudablemente, gozos inefables.

El Monte Tabor Mt 17,1-8

amanecer en el monte  taborAsí, el 15 de junio de 2014, concluí mi peregrinación y llegué al Monte Tabor, lugar que seguramente el Señor había soñado para empezar conmigo una nueva etapa de esta loca y bendecida vida, como parte de una familia de eremitas o pustinikki (Daysy, Adriana, Margarita y yo), en la que cada uno vive en su ermita, en distintos lugares de la ciudad, en silencio, soledad y oración y con algún servicio pastoral, según el llamado personal de cada uno.

Yo le pedía al Señor un espacio para vivir los dos solos y compartir la realidad de pobreza de la gente con la que viviría, pero Él me tenía una sorpresa asombrosa. Ahora comprendo que con Dios muchas veces es 50/50 y ya mismo te explico porque:

La Familia Hosanna

Mientras estuve en Europa, Margarita y algunas personas cercanas, prepararon el Monte Tabor para mi llegada, lo adecuaron y amoblaron, así que cuando llegué, el Tabor era un hermoso lugar dispuesto para la aventura espiritual y yo feliz para empezarla. Sentí una deuda con aquellas personas que cooperaron en la adaptación de la casa, así que les invité a una Eucaristía de acción de gracias, de esa manera les agradecería y me sacudiría de toda responsabilidad para poder empezar la vida de ermitaño. Hasta ahí todo estaba perfecto, solo que Dios reclamaba su mitad. Al terminar la celebración, sugirieron seguir en contacto, la verdad, yo no lo deseaba, pero decir que no de una vez me parecía un acto de ingratitud, de todas maneras presentí que algo nuevo estaba sucediendo en ese lugar y propuse, para evitar comprometerme, incluirles a todos en un grupo de WhatsApp, la verdad no tenía ninguna intención de continuar en contacto, así nos despedimos y todo arreglado, pero había una falla, yo olvidé que Dios se sale con las suyas y que se aprovecha de la intensidad de algunas personas para lograrlo, así que transcurrido cerca de un mes, me llama una de las señoras del grupo, reclamando porque no decía nada, no invitaba a nada, no utilizaba el grupo creado. Una vez más y queriendo salirme por la tangente, al día siguiente de la llamada, compartí mi oración personal en un mensaje de audio, les gustó; al día siguiente pidieron que lo hiciera de nuevo, lo hice; pidieron que incluyera a otras personas, lo hice; y así, sin darme cuenta, me dejé llevar lentamente a la aventura que ahora es la Familia Hosanna. Nunca estuvo en mis planes, pero sé que el Señor lo tenía amorosamente guardado y planeado en su Corazón, motivo por el cual consagré a toda Hosanna a su Sagrado Corazón y al Inmaculado Corazón de María, el sábado 25 de julio de 2015, en una Eucaristía, pidiéndoles que nos hagan todoMisa de consagracion familia hosannas suyos, que nos enamoren más y más de Él, que nos hagan santos y que le demos gloria.

Ahora la Familia Hosanna, para la gloria de Dios, está regada por el mundo, es incalculable su número de miembros y camina y crece en la vida cristiana buscando la oración constante, ofrece varios servicios y ministerios y está sostenida por la oración y la entrega de la Familia Pustinik.

Pustinik en ruso significa eremita y pustinia significa desierto, y define también el lugar donde vive el eremita, es decir, su ermita. El pustinik es un eremita que se encierra en su pustinia con el mundo entero para orar y ofrendarse al Señor en nombre de todos e interceder por ellos, pero tiene una característica especial: está disponible para salir a llevar al Señor a los demás o para reservicio pastoral Padre John Montoyacibir a los que llegan buscándolo.

La Familia Pustinik tiene también una rama de personas que, estando en el mundo, en medio de sus actividades, trabajo, familia, incluso en medio de su vida matrimonial, se dedican a la oración continua y llevan su ermita en el corazón.

Ahora soy un ermitaño o pustinik que no puede quedarse mucho tiempo quieto, intento encerrarme con el mundo entero en oración por todos y después salir a mi trabajo pastoral, y con mi voz, ayudar al Rey de reyes y Señor de señores a cambiar el mundo.

Solo queda estar en las manos del Señor, yo poco me conozco y poco sé de lo que vendrá, pero sé en Quien me fío, sé que “Tú, Señor, me sondeas y me conoces, sabes cuándo me siento y cuándo me levanto y no están mis palabras en mí, cuando Tú ya las conoces todas” (salmo 139).

Qué vendrá, no sé y poco importa porque llegué y cada día llego de nuevo y empiezo la aventura de Cristo y del anuncio.

Frágil, pecador y débil, aún le pregunto: ¿Por qué a mí? Y nuevamente me dice: Porque me da la gana, porque te amo y porque en lo débil me burlo de lo fuerte, “pues lo que en Dios parece locura, es más sabio que la sabiduría de las personas y lo que en Dios parece debilidad, es más fuerte que la fuerza de las personas” (1Cor 1,25).

Cuando veo tu grandeza y tu amor, Señor, sólo puedo hacer silencio y abismarme en tu presencia; en tu misericordia no tienes en cuenta mis pecados y me sigues llamando (Mt 9,9) y hoy nuevamente te digo, Señor, que quiero ir en tu nombre, y a pesar de mí, te ruego que me ayudes a ser santo.

 

 

 

 

 

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