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HISTORIA DE VIDA EREMITICA

BREVE HISTORIA DE LA VIDA EREMÍTICA

  • Empieza a nacer a partir del tercer siglo, luego del edicto de Milán de Constantino, del 313, cuando el pueblo cristiano se da cuenta de que hay una mundanización de las comunidades cristianas. El hecho de celebrar en las catacumbas, de esconderse en medio de los muertos para celebrar sus ritos, de una u otra manera defendía la fe, pero cuando la Iglesia sale de las catacumbas y se vuelve casi dueña del mundo, tiene relación y compromisos con el poder, hay un cierto número de cristianos que dicen: No, no estamos de acuerdo con esta mundanización de las comunidades cristianas y empiezan los eremitas, con el primero que parece que fue San Antonio (251-356). Según la vida que escribió su amigo Atanasio, él renunció al mundo, a la ciudad de Alejandría y se fue a vivir en el desierto después de haber entregado todos sus bienes y vive solitario en los desiertos de Egipto; se convierte en el Padre de los eremitas o anacoretas y el ejemplo de Antonio, fue seguido por una muchedumbre de cristianos y el desierto se llenó, empezaron a aparecer en Egipto y en otros lugares de la cuenca mediterránea. Egeria encontró muchos de ellos, hombres y mujeres, durante sus viajes, desde el Sinaí hasta la actual Palestina. Particular importancia tuvieron los padres del desierto, muchos de los cuales fueron eremitas. Dejaron una rica herencia de sabiduría espiritual, conocida como Apotegmas o Dichos de los padres, consistentes en breves historias llenas de doctrina e instrucciones.
  • Los eremitas dejaban el mundo para buscar a Dios y al mismo tiempo para servir al mundo al nivel de sus necesidades más profundas. A partir de la vida eremítica se desarrolla luego el monaquismo, con San Pacomio, el cual transforma el eremitismo en cenobitismo – vivir juntos en comunidades; y con San Benito, fundador de los benedictinos, Padre del monacato Occidental, quien al comienzo era eremita en la gruta de Subiaco. Aunque con el cenobitismo hay una disminución de la vida eremítica, los eremitas nunca estuvieron enteramente ausentes de la historia de la Iglesia, con un especial florecimiento de vocaciones durante los siglos X y XI en Europa y un particular apogeo de las ermitas, tanto para hombres como para mujeres (Richard Rolle, Julián de Norwich), en Inglaterra durante el siglo XIV. Después de la II Guerra mundial hubo un renovado interés por la vida solitaria. El concilio de Trento parece que da un golpe mortal al eremitismo, pero renace en el siglo XVIII con un poco de romanticismo. Se forman órdenes religiosas con una forma eremítica bastante fuerte, como los Cartujos, Camandulences, etc.

El Código de Derecho Canónigo de 1917, ignora totalmente el eremitismo. El Vaticano II menciona a los eremitas en un texto referido implícitamente a la vida eremítica: la vida en soledad (LG 43; PC 1). El nuevo Código de1983, sitúa el único canon sobre los eremitas dentro de los dedicados a la vida consagrada. No se refiere este a los que, sin dejar de ser religiosos y bajo la dirección de sus superiores, viven una vida eremítica aparte de la comunidad (práctica reconocida desde los tiempos de san Benito). Describe primero la vida eremítica, para luego establecer normas: «La Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con

  • monaquismo, con San Pacomio, el cual transforma el eremitismo en cenobitismo – vivir juntos en comunidades; y con San Benito, fundador de los benedictinos, Padre del monacato Occidental, quien al comienzo era eremita en la gruta de Subiaco. Aunque con el cenobitismo hay una disminución de la vida eremítica, los eremitas nunca estuvieron enteramente ausentes de la historia de la Iglesia, con un especial florecimiento de vocaciones durante los siglos X y XI en Europa y un particular apogeo de las ermitas, tanto para hombres como para mujeres (Richard Rolle, Julián de Norwich), en Inglaterra durante el siglo XIV. Después de la II Guerra mundial hubo un renovado interés por la vida solitaria. El concilio de Trento parece que da un golpe mortal al eremitismo, pero renace en el siglo XVIII con un poco de romanticismo. Se forman órdenes religiosas con una forma eremítica bastante fuerte, como los Cartujos, Camandulences, etc.
  • El Código de Derecho Canónigo de 1917, ignora totalmente el eremitismo. El Vaticano II menciona a los eremitas en un texto referido implícitamente a la vida eremítica: la vida en soledad (LG 43; PC 1). El nuevo Código de1983, sitúa el único canon sobre los eremitas dentro de los dedicados a la vida consagrada. No se refiere este a los que, sin dejar de ser religiosos y bajo la dirección de sus superiores, viven una vida eremítica aparte de la comunidad (práctica reconocida desde los tiempos de san Benito). Describe primero la vida eremítica, para luego establecer normas: «La Iglesia reconoce la vida eremítica o anacorética, en la cual los fieles, con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo. Un ermitaño es reconocido por el derecho como entregado a Dios dentro de la vida consagrada, si profesa públicamente los tres consejos evangélicos, corroborados mediante voto u otro vínculo sagrado, en manos del obispo diocesano, y sigue su forma propia de vida bajo la dirección de este» (CIC 603). El lenguaje usado por el Código recuerda el parágrafo sobre los contemplativos de VC 7. La Iglesia oriental tiene su propia legislación en relación con los eremitas (CCEO 481-485).
  • En la Iglesia latina las disposiciones canónicas en torno a la vida eremítica son recientes. La principal responsabilidad legal recae en el obispo diocesano. Hay muchas cuestiones importantes que varían de un país a otro y de una cultura a otra: la madurez y la salud física y psicológica, la formación, el seguro médico, la financiación, el discernimiento, la dirección espiritual, la seguridad física y la disposición de las estructuras necesarias para el sostenimiento de esta vocación única.
  • El lugar de un eremita moderno puede estar en un lugar apartado o en la soledad de una ciudad moderna.
  • Lo hermoso de la vocación eremítica es que no es un esquema al que cada eremita deba someterse, sino al contrario, cada eremita, de acuerdo a su situación particular y su llamado personal, diseña su propia vida eremita según el Espíritu le vaya inspirando.

Una manera muy hermosa de llevar la vida eremítica, es aquella al estilo ruso: “La Pustinia”, donde se conjugan estrecha y armoniosamente el encierro orante con la contemplación en el servicio caritativo y evangelizador.

 

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